La preparación antes de una operación de cirugía general no es un trámite administrativo, es una parte esencial de la seguridad del paciente. Muchas complicaciones evitables se relacionan con información incompleta, hábitos que interfieren con la cicatrización o condiciones médicas no controladas. Prepararte bien permite que el equipo quirúrgico tenga un panorama claro de tu estado de salud, reduzca riesgos durante la anestesia, planee el procedimiento con precisión y favorezca una recuperación más estable.
Además, cuando entiendes qué pasará antes, durante y después de la intervención, tu ansiedad baja y tu participación mejora. Esto se traduce en decisiones más informadas, mejor adherencia a las indicaciones y una experiencia postoperatoria más ordenada.
Qué información debes reunir antes de tu operación de cirugía general
Uno de los primeros pasos es organizar tu historial de salud. Aunque parezca evidente, muchos pacientes olvidan mencionar medicamentos, alergias o cirugías previas. Para una valoración preoperatoria completa conviene llevar una lista escrita con lo siguiente.
Incluye todos los medicamentos que tomas, incluso los que consideras “ocasionales”. En cirugía general es especialmente importante reportar anticoagulantes, antiagregantes, antiinflamatorios, esteroides, tratamientos hormonales, medicamentos para diabetes, hipertensión y suplementos. Algunos de estos fármacos pueden aumentar el riesgo de sangrado o interferir con la presión arterial y la glucosa durante el procedimiento.
También conviene anotar alergias a medicamentos, látex, anestésicos o antisépticos. Si tuviste una reacción previa a la anestesia, náuseas severas después de una cirugía anterior o complicaciones respiratorias, esa información ayuda a ajustar el plan anestésico.
Si cuentas con estudios recientes, llévalos. No solo los resultados impresos. Si se trata de imágenes, como ultrasonido o tomografía, incluye los reportes y, si es posible, los archivos o placas. En cirugía general, comparar estudios y entender la evolución de un problema suele ser clave para confirmar el tipo de intervención.
Cambios en hábitos que suelen recomendarse antes de una cirugía general
Mucho de lo que ocurre en quirófano depende de lo que haces en casa los días o semanas previos. Por eso, la preparación preoperatoria también incluye hábitos.
Dejar de fumar es una de las indicaciones más frecuentes, porque el tabaco disminuye la oxigenación en tejidos, retrasa la cicatrización y aumenta el riesgo de infecciones y complicaciones respiratorias. En general, mientras más tiempo pase entre la suspensión del tabaco y la cirugía, mejor.
En cuanto al alcohol, conviene evitarlo en los días previos, ya que puede afectar el hígado, la coagulación y la interacción con medicamentos. En pacientes con consumo frecuente, el equipo médico puede sugerir un plan específico para reducir riesgos.
La alimentación también puede ajustarse. En cirugías del aparato digestivo o del abdomen, es posible que te indiquen una dieta ligera previa, o que evites ciertos alimentos que aumenten gases e inflamación. Mantenerte bien hidratado, sin excederte, suele ayudar a llegar en mejores condiciones.
El sueño y el manejo del estrés también importan. Dormir mal puede aumentar la percepción de dolor, elevar la presión arterial y afectar tu bienestar general. Si la ansiedad es alta, vale la pena mencionarlo. En muchos casos se puede orientar con técnicas simples o con ajustes en el plan preoperatorio.
Ayuno preoperatorio y el día de la operación
Una de las indicaciones más importantes antes de una operación de cirugía general es el ayuno. El objetivo es reducir el riesgo de aspiración durante la anestesia. Por lo general, se pide no comer sólidos varias horas antes y restringir líquidos en un periodo específico. No conviene improvisar o suponer. El cirujano y el anestesiólogo suelen indicar tiempos exactos según el tipo de cirugía y tu estado de salud.
El día de la intervención, suele recomendarse acudir con ropa cómoda, sin joyería, sin esmalte en uñas y con documentos o estudios organizados. También es útil llevar una lista de contactos y tener definido quién te acompañará, ya que después de la anestesia no es recomendable manejar ni tomar decisiones importantes en las primeras horas.
Si presentas síntomas de infección respiratoria, fiebre, diarrea o una descompensación importante, debes avisar antes de la cirugía. En algunos casos se reprograma por seguridad.
Qué estudios te pueden pedir antes de una cirugía general
Los estudios preoperatorios se solicitan para estimar riesgos y corregir alteraciones antes de entrar a quirófano. No todos los pacientes requieren lo mismo. La indicación depende de tu edad, el tipo de cirugía general, tus síntomas y enfermedades previas. Sin embargo, hay pruebas frecuentes.
Laboratorios básicos para valorar seguridad y sangrado
Un estudio común es la biometría hemática. Sirve para revisar hemoglobina, niveles de glóbulos blancos y plaquetas. Esto aporta información sobre anemia, infección o capacidad de coagulación.
También suelen pedirse pruebas de coagulación, como tiempo de protrombina e indicadores relacionados, sobre todo si hay antecedente de sangrados, uso de anticoagulantes o procedimientos con mayor riesgo hemorrágico.
La química sanguínea puede incluir glucosa, creatinina y electrolitos. La glucosa ayuda a identificar diabetes o descontrol metabólico. La creatinina evalúa función renal, relevante para la anestesia y para algunos medicamentos. Los electrolitos influyen en el ritmo cardiaco y el equilibrio corporal.
En determinados casos se solicitan pruebas de función hepática, especialmente si hay antecedentes de enfermedad hepática, consumo crónico de alcohol o medicación que pueda afectar el hígado.
Estudios cardiacos y respiratorios según tu perfil
En muchos pacientes adultos se indica un electrocardiograma. Su finalidad es detectar arritmias o señales de enfermedad cardiaca que puedan requerir ajustes durante la anestesia.
En algunos casos se solicita radiografía de tórax, especialmente si hay antecedentes respiratorios, tabaquismo importante, asma mal controlada o síntomas actuales. No siempre es necesaria, pero puede ser útil para valorar pulmones y estructuras torácicas antes de un procedimiento.
Si tienes antecedentes cardiacos o factores de riesgo significativos, el anestesiólogo puede pedir una valoración adicional o estudios específicos. La meta no es “complicar” la cirugía, sino reducir riesgos con información completa.
Pruebas de embarazo y otros estudios específicos
En mujeres en edad fértil puede solicitarse una prueba de embarazo antes de la anestesia. También pueden indicarse pruebas adicionales según el tipo de cirugía general, por ejemplo, estudios de imagen para confirmar diagnóstico, como ultrasonido, tomografía o resonancia, o análisis complementarios si hay sospecha de infección, inflamación o alteraciones metabólicas.
Si tu operación es por hernia, vesícula, apendicitis o una condición digestiva, los estudios de imagen suelen orientar el plan quirúrgico, la técnica y los posibles hallazgos intraoperatorios.
Valoración preanestésica y preguntas que conviene hacer
La valoración con anestesia es un paso clave. Ahí se revisan tus antecedentes, tus estudios, tu vía aérea, tu función cardiopulmonar y tus riesgos particulares. También es el momento de aclarar dudas.
Conviene preguntar qué tipo de anestesia se planea, qué efectos podrías sentir al despertar, cómo se controlará el dolor, si hay riesgo de náusea y qué medidas se tomarán para prevenirla. Si tienes antecedentes de apnea del sueño, ronquido severo o uso de CPAP, es importante mencionarlo.
También puedes preguntar qué medicamentos debes suspender y cuándo. Esto es especialmente relevante si tomas anticoagulantes, aspirina, suplementos como omega 3 o productos “naturales” que influyen en la coagulación.
Cómo organizar tu casa y tu rutina para el postoperatorio desde antes
Prepararte para cirugía general también incluye dejar listo el regreso a casa. Ten a la mano ropa amplia, un espacio para descansar, alimentos ligeros y agua. Si habrá limitación para cargar peso o conducir, organiza apoyo con traslados, compras y cuidados básicos.
Considera que podrías necesitar tiempo para caminar despacio, levantarte con cuidado o descansar más. Anticipar esto evita esfuerzos innecesarios y reduce el riesgo de complicaciones.
Qué hacer si te sientes inseguro o no entiendes el plan quirúrgico
Una preparación adecuada incluye claridad. Si no entiendes por qué te recomiendan operar, qué técnica usarán o qué riesgos hay en tu caso, es válido pedir que te expliquen con calma. También puedes solicitar una segunda opinión si persisten dudas. En cirugía general, tomar decisiones informadas es parte del proceso de cuidado.
Prepararte para una operación implica más que llegar en ayunas. Requiere ordenar información, ajustar hábitos, completar estudios preoperatorios, entender el plan anestésico y organizar tu recuperación. Cuando haces esto, llegas a quirófano con mayor seguridad y aumentas la probabilidad de una evolución estable desde el primer día.