No todos los dolores de cabeza son migraña, y no toda migraña requiere una valoración de neurocirugía. Aun así, cuando los episodios se vuelven más frecuentes, cambian de patrón o se acompañan de síntomas neurológicos, es normal preguntarse si conviene una evaluación más especializada. La migraña suele presentarse como un dolor pulsátil, a menudo de un lado de la cabeza, que puede durar horas o incluso días. En muchas personas se asocia con náusea, vómito, sensibilidad a la luz y al sonido, y empeora con la actividad física. También puede presentarse con aura, que incluye alteraciones visuales, hormigueos, dificultad para hablar u otras manifestaciones temporales.
La relación entre neurocirugía y migraña se centra en algo muy concreto. Identificar cuándo un dolor que parece migrañoso necesita descartar otra causa estructural o un problema neurológico distinto, y cuándo existen opciones de tratamiento que van más allá del manejo habitual. En la mayoría de los casos, la migraña se atiende con un enfoque clínico, ajustes de estilo de vida y tratamiento farmacológico indicado por un especialista. Sin embargo, hay escenarios en los que la evaluación por neurocirugía puede ser parte del proceso para tomar decisiones con mayor seguridad.
Cuándo un cuadro de migraña deja de verse típico
Una regla práctica es observar la evolución. Si llevas años con migraña y tus episodios se mantienen dentro de un patrón conocido, con desencadenantes similares y respuesta parecida a tratamientos, suele bastar con seguimiento clínico. En cambio, hay cambios que ameritan una valoración más profunda. Por ejemplo, si el dolor aparece por primera vez en edades mayores, si se vuelve progresivamente más intenso, si dura más de lo habitual, si se presenta con síntomas distintos o si deja secuelas después del episodio.
También es relevante cuando el dolor de cabeza se acompaña de debilidad en un lado del cuerpo, alteraciones del lenguaje, visión doble persistente, pérdida del equilibrio marcada, desmayo, confusión, cambios de personalidad o convulsiones. Esos datos no son típicos de la migraña común y justifican una evaluación para descartar otras causas. La neurocirugía no significa necesariamente cirugía, sino la posibilidad de revisar de forma especializada la presencia de lesiones estructurales, alteraciones vasculares o problemas que puedan requerir otro tipo de intervención.
Señales de alarma que no se deben ignorar
Hay dolores de cabeza que requieren atención urgente, incluso si la persona ha tenido migraña antes. Un dolor súbito e intenso, descrito como “el peor de la vida”, especialmente si aparece en segundos o minutos, siempre es una señal de alarma. También lo son el dolor de cabeza con fiebre y rigidez de cuello, el dolor posterior a un golpe en la cabeza, o el dolor que despierta por la noche y se acompaña de vómito sin causa aparente.
Otro punto importante es el dolor que empeora al toser, estornudar o hacer esfuerzo, o el que aumenta cuando te acuestas. Estos patrones pueden sugerir cambios en la presión dentro del cráneo, aunque no siempre significan algo grave. Aun así, cuando estos datos aparecen, conviene una valoración médica para decidir qué estudios se necesitan. En ese contexto, una consulta con neurocirugía puede ser apropiada, sobre todo si ya existen hallazgos en imagen o síntomas neurológicos asociados.
Qué causas pueden confundirse con migraña
Existen problemas neurológicos que pueden simular migraña o coexistir con ella. Algunas alteraciones vasculares, como malformaciones o aneurismas, pueden dar dolor de cabeza con características variables, aunque muchas veces son asintomáticas. Tumores cerebrales, aunque menos frecuentes, pueden presentarse con dolor progresivo, más notable por las mañanas, acompañado de vómito o cambios neurológicos. Alteraciones del líquido cefalorraquídeo, como hidrocefalia o ciertas condiciones relacionadas con la presión intracraneal, también pueden producir cefaleas persistentes. En algunos casos, trastornos del cuello o de la columna cervical se asocian con cefalea cervicogénica, que puede confundirse con migraña, sobre todo si hay dolor que inicia en nuca y se irradia.
La neurocirugía entra en el panorama cuando es necesario evaluar estas posibilidades, interpretar estudios de imagen, o decidir si existe una causa tratable por procedimientos específicos. Lo más importante es no asumir que cualquier dolor fuerte es migraña, especialmente si el patrón cambió.
Cómo es una valoración neurológica orientada a migraña
En una valoración especializada, lo primero es una historia clínica detallada. El médico pregunta sobre la forma del dolor, su localización, duración, frecuencia, intensidad, síntomas asociados y factores desencadenantes. También se explora si hay cambios en sueño, estrés, alimentación, consumo de cafeína, hidratación, hormonas, actividad física y uso de pantallas. Un aspecto clave es revisar cuántos días al mes hay dolor y cuántos días se toman analgésicos, porque el abuso de medicamentos puede perpetuar el problema y generar un círculo difícil de romper.
Luego se realiza exploración neurológica. Se revisa fuerza, sensibilidad, reflejos, coordinación, marcha y pares craneales. Si hay datos anormales o si la historia sugiere riesgo, se decide si es necesario solicitar estudios como resonancia magnética o tomografía. A veces se requiere evaluar vasos sanguíneos con estudios específicos según el criterio médico y el tipo de síntomas.
Qué estudios pueden solicitarse y por qué
No todas las personas con migraña requieren estudios de imagen. Sin embargo, cuando hay señales de alarma, cambios de patrón, inicio tardío, déficit neurológico o un cuadro atípico, la resonancia magnética suele ser el estudio de elección por su capacidad para ver tejido cerebral con detalle. La tomografía se usa con frecuencia en urgencias cuando se necesita descartar sangrado rápidamente. En ciertos casos, se complementa con estudios vasculares para evaluar arterias y venas. El objetivo no es “buscar algo por buscar”, sino confirmar que se trata de migraña primaria o identificar un problema secundario que requiere otra ruta de manejo.
Cuándo tiene sentido considerar neurocirugía en el manejo
La neurocirugía y migraña se cruzan principalmente en tres escenarios. El primero es cuando se debe descartar una causa estructural o vascular que explique el dolor. El segundo es cuando ya existe un hallazgo en estudios de imagen que necesita interpretación y seguimiento por un especialista. El tercero es cuando el dolor de cabeza se relaciona con una condición que podría beneficiarse de tratamiento intervencionista o quirúrgico, lo cual no es lo habitual en la migraña común, pero sí ocurre en problemas específicos.
Es importante recordar que una valoración por neurocirugía no implica que te van a operar. Muchas veces el resultado es tranquilidad, un plan claro de seguimiento o una referencia a neurología para manejo de migraña crónica con tratamientos preventivos, ajustes de hábitos y estrategias para reducir frecuencia e intensidad.
Qué puedes hacer antes de pedir una valoración
Si estás pensando en consultar por migraña, ayuda llevar un registro simple de tus crisis. Anota fecha, duración, intensidad, síntomas asociados, qué tomaste y si funcionó. Identifica posibles desencadenantes como falta de sueño, ayuno prolongado, deshidratación, ciertos alimentos, estrés o cambios hormonales. También conviene llevar una lista de medicamentos, incluyendo analgésicos de venta libre, porque la frecuencia de uso puede orientar el diagnóstico y el plan terapéutico.
Si ya te hicieron estudios, llévalos completos, con reportes e imágenes. Esto evita repetir pruebas y facilita una interpretación integral. Y si hay síntomas como debilidad, visión doble persistente, desmayo, confusión o dolor súbito muy intenso, la prioridad no es agendar una consulta programada, sino buscar atención inmediata.
Qué esperar al final de la consulta
Una buena valoración debe dejarte con respuestas concretas. Si el cuadro corresponde a migraña, el enfoque suele centrarse en un plan preventivo, manejo de crisis y reducción de factores que disparan episodios. Si hay datos que ameritan estudios, se explica qué se busca y por qué. Si aparece un hallazgo relevante, se define el seguimiento y los pasos siguientes.
Cuando la migraña interfiere con tu vida, el objetivo no es aguantarla ni normalizarla. La clave está en identificar cuándo sigue un patrón típico y cuándo cambia lo suficiente como para necesitar una evaluación más profunda. En ese punto, una consulta dirigida puede ayudarte a entender qué está pasando, descartar causas secundarias y recuperar control sobre tu salud.

Cuadros que requieren neurocirugía urgente
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