La cirugía bariátrica es una estrategia terapéutica y metabólica para el manejo de la obesidad y sus comorbilidades. Su indicación no se limita a un número en la báscula: exige una evaluación médica integral que considere el Índice de Masa Corporal (IMC), la presencia de enfermedades asociadas y la capacidad del paciente para adoptar cambios de estilo de vida. Esta guía explica cómo se calcula el IMC, cuáles son los criterios de elegibilidad más utilizados y qué incluye la valoración preoperatoria que garantiza seguridad y resultados sostenibles.
IMC: qué es, cómo se calcula y cómo interpretarlo
El IMC es una medida estandarizada que relaciona el peso con la estatura:
IMC = peso (kg) / estatura (m)²
Clasificación general del IMC:
- Peso normal: 18.5–24.9 kg/m²
- Sobrepeso: 25.0–29.9 kg/m²
- Obesidad grado I: 30.0–34.9 kg/m²
- Obesidad grado II: 35.0–39.9 kg/m²
- Obesidad grado III (mórbida): ≥ 40 kg/m²
El IMC es un punto de partida para evaluar riesgo, pero no lo es todo. La distribución de grasa (particularmente la visceral), el perfil cardiometabólico, la presencia de hígado graso, apnea del sueño y otros factores modifican el pronóstico y la estrategia terapéutica.
Criterios de elegibilidad para cirugía bariátrica
La decisión de realizar cirugía bariátrica se personaliza; aun así, existen criterios de uso extendido:
- IMC ≥ 40 kg/m², independientemente de comorbilidades.
- IMC 35–39.9 kg/m² con al menos una comorbilidad relacionada con la obesidad: diabetes tipo 2, hipertensión, dislipidemia, apnea obstructiva del sueño, osteoartritis, hígado graso o enfermedad por reflujo significativa.
- IMC 30–34.9 kg/m² en contextos seleccionados, cuando existe diabetes tipo 2 de difícil control u otras condiciones cardiometabólicas con evidencia de daño orgánico o alto riesgo, siempre que el equipo multidisciplinario lo avale.
Además del IMC, son indispensables criterios cualitativos:
- Intentos terapéuticos previos (nutrición, actividad física y, cuando corresponde, farmacoterapia) sin resultados sostenidos.
- Compromiso con un programa de seguimiento y con cambios de hábitos a largo plazo.
- Estabilidad psicológica y expectativas realistas sobre beneficios y límites de la cirugía.
- Aptitud quirúrgica según evaluación anestésica y cardiopulmonar.
La indicación final la emite un equipo multidisciplinario tras una valoración integral del riesgo-beneficio.
Evaluación médica preoperatoria: componentes clave
1) Historia clínica y exploración física completas
Se documentan comorbilidades (diabetes, hipertensión, dislipidemia), síntomas de reflujo, ronquidos y somnolencia (sospecha de apnea), dolor articular, antecedentes quirúrgicos y medicación actual (anticoagulantes, AINEs, esteroides).
2) Laboratorios y estudios complementarios
- Biometría hemática y perfil metabólico (glucosa, HbA1c, lípidos).
- Función hepática y renal; ferritina, vitamina B12, folato y vitamina D.
- Ultrasonido hepático para detectar esteatosis y valorar el tamaño del hígado.
- Endoscopia si hay síntomas de reflujo o historial de úlcera.
- Cribado de apnea (cuestionario STOP-Bang, polisomnografía cuando se indica) y ajustes de CPAP preoperatorio.
- Valoración cardiológica según edad, síntomas o riesgo (ECG, eco, pruebas funcionales cuando proceda).
3) Estratificación de riesgo anestésico
Clasificación ASA, evaluación de vía aérea y plan de manejo intraoperatorio, cruciales en pacientes con IMC alto. Se contemplan estrategias de analgesia multimodal y profilaxis antiemética.
4) Valoración nutricional
- Cálculo de requerimientos y plan preoperatorio (dieta hipocalórica y rica en proteína por 1–4 semanas para disminuir tamaño hepático).
- Educación en porciones pequeñas, masticación lenta, separar líquidos y sólidos y registro de alimentos.
- Proyección del esquema posoperatorio por fases (líquidos claros → líquidos completos → purés → blandos → sólidos bien tolerados).
5) Valoración psicológica
Identificación de hambre emocional, trastornos de la conducta alimentaria, expectativas y apoyo social. Se establecen herramientas de afrontamiento y se planifica el acompañamiento posoperatorio.
6) Educación y consentimiento informado
Revisión de opciones quirúrgicas (manga gástrica, bypass, mini bypass, SADI-S, etc.), beneficios, riesgos potenciales, suplementación y calendario de seguimiento. El paciente firma un consentimiento claro y participa activamente en la toma de decisiones.
Cómo influyen las comorbilidades en la decisión
- Diabetes tipo 2: técnicas con mayor impacto metabólico (p. ej., bypass gástrico) pueden preferirse en diabetes de difícil control.
- Reflujo gastroesofágico: en casos significativos, el bypass tiende a ofrecer mejoría frente a manga (que puede exacerbarlo).
- Hígado graso avanzado: la pérdida de peso sostenida posterior a la cirugía mejora la esteatosis y parámetros inflamatorios; se evalúa cuidadosamente el riesgo anestésico.
- Apnea del sueño: la optimización con CPAP reduce complicaciones respiratorias.
- Osteoartritis y movilidad: la disminución de carga mecánica alivia dolor y facilita el retorno a la actividad física.
Selección de la técnica: criterios prácticos
La elección del procedimiento de cirugía bariátrica se apoya en un balance entre eficacia, seguridad y perfil del paciente:
| Condición dominante | Técnica frecuentemente considerada | Nota clínica |
|---|---|---|
| Reflujo severo | Bypass en Y de Roux | Suele mejorar el reflujo |
| Diabetes difícil de controlar | Bypass / OAGB / SADI-S | Alto impacto metabólico |
| IMC muy elevado | SADI-S / Switch / OAGB | Mayor pérdida de exceso de peso (requiere estricta suplementación) |
| Sin reflujo, deseo de técnica menos compleja | Manga gástrica | Buen balance eficacia/seguridad |
Todas las opciones requieren seguimiento y suplementación; la individualización manda.
Optimización preoperatoria: preparar el terreno
- Dieta preoperatoria: hipocalórica y alta en proteína para reducir grasa hepática y visceral.
- Actividad física acorde a la condición: caminatas diarias y ejercicios de respiración para mejorar capacidad funcional.
- Suspensión o ajuste de fármacos (anticoagulantes, hipoglucemiantes) según protocolo.
- Abandono de tabaco y moderación estricta del alcohol.
- ERAS (Recuperación Mejorada Tras Cirugía): educación, ayuno abreviado cuando procede, analgesia multimodal y movilización temprana.
Riesgos, seguridad y seguimiento
Cualquier cirugía bariátrica implica riesgos: sangrado, infección, fugas, estenosis, trombosis venosa y deficiencias nutricionales si no hay adherencia. La evaluación preoperatoria rigurosa y la ejecución con técnicas mínimamente invasivas reducen estos riesgos. El éxito se consolida con:
- Calendario de controles: 1–2 semanas, 1–3 meses, 6 meses, 12 meses y luego anuales.
- Monitoreo de laboratorio: hemograma, ferritina, B12, folato, vitamina D, calcio y perfil hepático/renal.
- Suplementación: multivitamínico específico, B12, hierro, calcio + vitamina D, entre otros según técnica y resultados.
- Plan de actividad física progresivo: cardio y fuerza para preservar masa muscular.
- Acompañamiento psicológico para sostener hábitos y enfrentar detonantes de ingesta.
Preguntas frecuentes
¿Un IMC alto garantiza que soy candidato?
No. El IMC orienta, pero la decisión incluye comorbilidades, aptitud quirúrgica, estabilidad psicológica y adherencia prevista.
¿Puedo operarme con IMC 30–34.9?
En situaciones seleccionadas (p. ej., diabetes con mal control o alto riesgo cardiometabólico) puede considerarse tras valoración multidisciplinaria.
¿Qué pasa si tengo reflujo?
Se evalúa con clínica y, si es necesario, endoscopia. El bypass suele ser preferible en reflujo severo.
¿Cuánto dura la preparación?
Suele abarcar semanas, dependiendo de estudios, optimización metabólica y educación preoperatoria.
Mensajes clave para el paciente
- El IMC guía, pero la indicación de cirugía bariátrica se define por un conjunto de criterios.
- La evaluación médica integral (clínica, nutricional, psicológica y anestésica) es el pilar de la seguridad.
- El resultado depende de tu adherencia: alimentación por fases, suplementación, actividad física y controles regulares.
Explicar el papel del IMC, los criterios de elegibilidad y la evaluación médica que garantiza seguridad y eficacia en candidatos a cirugía bariátrica.

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El diagnóstico de la diabetes infantil implica una evaluación clínica detallada por parte del pediatra en Tijuana. Esto puede incluir análisis de sangre para medir los niveles de glucosa y otros marcadores metabólicos. La detección temprana es esencial para iniciar un tratamiento adecuado y prevenir complicaciones a largo plazo.
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